Lo que termina y lo que continúa: octubre y la liquidación como decisión de salida

Lo que termina y lo que continúa: octubre y la liquidación como decisión de salida

Las solicitudes de liquidación voluntaria de Metropol, Río King y Greenex, el pedido de liquidación forzosa contra MRK Imports y la dación en pago de Territoria muestran que, en el escenario concursal chileno, cerrar una sociedad no siempre significa que termine su actividad.

Octubre concentró varias solicitudes de liquidación de empresas relevantes. Metropol, operadora de 52 recorridos del sistema Red en Santiago, presentó su solicitud de liquidación voluntaria el 23 de octubre. La exportadora frutícola Río King y Frutícola Greenex hicieron lo mismo, con pasivos declarados por US$105 millones y $19.326 millones, respectivamente. En la comercializadora de carbón Menichetti, según la prensa, se habría declarado la liquidación voluntaria con pasivos por $8.570 millones.

A primera vista, el mes podría leerse como una sucesión de quiebras. Una lectura más atenta muestra otra cosa: en varios casos, la liquidación no aparece como un colapso imprevisto, sino como una decisión tomada después de recorrer otras alternativas. Y en algunos, lo que termina es la sociedad, no necesariamente la actividad ni sus activos.

Reorganización y liquidación no son caminos opuestos, sino etapas de un mismo recorrido. La pregunta empresarial relevante no es solo cuál se elige, sino cuándo se decide la salida y qué se preserva con ella.

La liquidación como decisión, no solo como desenlace

El caso de Río King ilustra esa secuencia. Según lo informado, la empresa intentó reorganizarse y buscó un socio que aportara capital antes de solicitar su liquidación voluntaria ante el 2.º Juzgado Civil de Santiago. La compañía atribuye su situación a malas temporadas de uva de mesa, a una temporada de cerezas 2025/2026 desfavorable, al costo financiero de sus créditos y al presunto incumplimiento de un productor respecto de anticipos por US$6 millones.

Cuando no llega un inversionista y una reorganización no logra el respaldo de los acreedores, la liquidación voluntaria permite que el propio deudor ordene la salida: presenta sus activos y pasivos, y se inicia un proceso bajo supervisión judicial, en lugar de enfrentar ejecuciones individuales o una liquidación solicitada por terceros.

En Menichetti, según la cobertura, la resolución habría concluido que la empresa no tenía liquidez ni solvencia para cumplir sus obligaciones. La distinción importa. La liquidez se refiere a la capacidad de pagar a tiempo; la solvencia, a la suficiencia de los activos para cubrir los pasivos. Cuando faltan ambas, una reorganización tiene poca base sobre la cual construirse.

La liquidación voluntaria no es una falla del sistema concursal, sino una de sus salidas previstas. Su valor depende, en buena medida, de la oportunidad: mientras antes se decide, más valor puede conservarse para ordenar el pago a los acreedores.

Un acuerdo aprobado no cierra el proceso

MRK Imports, segundo mayor importador de bicicletas del país, tenía un acuerdo de reorganización aprobado en julio de 2025, con pasivos iniciales por $9.166 millones. Durante 2026, BCI y Scotiabank solicitaron que se declare el incumplimiento del acuerdo y se decrete la liquidación forzosa. Según la cobertura, los bancos alegan falta de pago de cuotas desde enero y la ausencia de un inversionista comprometido. Son afirmaciones de los acreedores que el tribunal aún no ha resuelto.

Territoria muestra otra forma de evolución. Tras una reorganización aprobada en junio, en octubre se materializó la dación en pago del exSanatorio Marítimo de Viña del Mar a Banco Internacional, por UF 188.886,45, cerca de $7.640 millones. No es un nuevo procedimiento, sino la forma en que un acuerdo aprobado se tradujo en la salida de un activo relevante.

Ambos casos muestran que la aprobación de un acuerdo abre una etapa de cumplimiento. Si la caja no permite sostener las cuotas, los acreedores pueden pedir que se declare el incumplimiento y se liquide la empresa. Si el acuerdo contempla entregar activos, la reorganización puede dar paso a una compañía más pequeña. En los dos escenarios, el acuerdo reordena las obligaciones, pero el negocio debe seguir siendo capaz de cumplirlas.

La sociedad termina, la actividad puede continuar

Metropol, dueña de Buses Alfa y Buses Omega, opera 741 buses, equivalentes al 10,3% de la flota del sistema Red, en comunas como Huechuraba, Renca, Puente Alto y San Bernardo. Tras su solicitud, el Directorio de Transporte Público Metropolitano (DTPM) informó que los servicios continuarían operando y que se estaba designando un administrador provisional.

El caso deja ver una distinción que suele perderse en la cobertura sobre quiebras: en un servicio público regulado, la operación puede separarse de la empresa que la presta. Quedan preguntas abiertas sobre el contrato de concesión, la propiedad de los buses, la situación laboral y el futuro operador, pero el servicio no depende necesariamente de la continuidad de la sociedad.

La misma lógica puede aplicarse fuera del transporte. En una liquidación, la ley contempla la posibilidad de vender activos como una unidad económica, de modo que plantas, contratos o plantaciones continúen produciendo bajo otro dueño. Para trabajadores, proveedores y clientes, la pregunta relevante no es solo si la empresa se liquida, sino qué ocurre con la operación.

Una señal sectorial: la fruticultura exportadora

Que Río King y Greenex hayan solicitado su liquidación en el mismo mes sugiere observar el modelo de negocio del sector. Río King exportaba en promedio 4,7 millones de cajas al año. En la fruticultura exportadora es habitual que la empresa adelante recursos a los productores, muchas veces con financiamiento bancario, a cuenta de la fruta que recibirá. Si una temporada es mala o un productor no entrega, la exportadora conserva la deuda sin el flujo que debía pagarla.

Los datos del Radar de Riesgo Empresarial de Reset Chile, con información de enero a agosto de 2026, muestran que el sector ya concentraba exposición antes de octubre. En reorganización ordinaria, el rubro agrícola reúne 3 de los 20 procedimientos y el 32,6% del pasivo. En liquidación ordinaria, los rubros alimentaria, gastronómico y agricultura, agrupados por Reset como cadena agroalimentaria, suman el 47,5% del pasivo.

Río King y Greenex no forman parte de esas cifras, pero llegan a un sector donde la exposición financiera ya era significativa. Dos casos no bastan para afirmar una tendencia estructural, pero sí justifican seguir de cerca la relación entre temporadas, anticipos y financiamiento en la cadena exportadora.

Cuándo se decide la salida

Octubre muestra que la insolvencia empresarial no se resuelve en un solo acto. Las empresas recorren etapas: buscar financiamiento o socios, reorganizarse, cumplir o no un acuerdo, entregar activos y, finalmente, liquidar. En ese recorrido, la liquidación puede ser la decisión más ordenada disponible, y no necesariamente el final de la actividad.

Para directores, acreedores e inversionistas, la pregunta no es solo si reorganizar o liquidar. Es qué parte del negocio sigue siendo viable, qué activos conservan valor en manos de otro operador y en qué momento la salida deja de ser una decisión propia para convertirse en una decisión de terceros.

Leer el escenario concursal como una secuencia de decisiones, y no como un listado de quiebras, permite distinguir entre una salida ordenada y una salida impuesta, y reconocer a tiempo cuál de las dos se está construyendo.

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